La vuelta a todo en 50 días

23 04 2008

Ha sido un mes muy largo con forma de tortilla lanzada al aire por un chef maestro. Desde primeros de marzo no han dejado de suceder cosas en mi vida. Irónico pero lógico, no he escrito en todo este tiempo.

Desde hacía meses tenía planeado el 1er viaje a España del 13 al 24 de marzo. Días antes mi estatus sentimental quedaba en stand by, y al poco de la vuelta quedaba en off. La víspera de partir recibo la noticia de mi renovación en el trabajo. En España, ya muy calmo -de alma, que no de acción-, diez días dieron para recuperar relaciones sociales en Madrid, Vitoria, Pamplona, Barcelona y Girona. Además, reencuentros muy sentidos -uno en especial-, viejos amores, viejos amigos, familiares y viejos rincones, montes y tradiciones culinarias.

Volvía al DF curado de morriña, con ganas de seguir prosperando y apenas tuve tiempo para pensar: mi amigo Borja, desde NY, y yo, desde el DF, nos ganábamos el representar a España en el FIAP de Buenos Aires. El off sentimental me llegaba en el momento ideal, si es que hay un momento ideal para una ruptura, y aunque duela, desde un análisis en frío se veía bienvenido. Dos días después regresaba a 2004 con la espectacular e inesperada vuelta a Buenos Aires. Como fruto de alguna sinrazón cabalística, cumplía mi objetivo de regresar durante este 2008 a la ciudad que más me marcó la vida. No había tiempo, ni dinero, y del premio obtuve ambas, pues fue causa mayor para faltar en el trabajo.

La orilla sur del Río de la Plata me trajo vientos de otros rumbos, con olores antiguos a gas y libro viejo, y a esquina, y un aliño nuevo ciertamente inesperado, el humo de miles y miles de kilómetros cuadrados arrasados por la quema descontrolada de pastizales. Pero en lo interior fueron totalmente balsámicos. Nuevos reencuentros, algunos espectaculares, Mariela, la señora María, los peruanos fruteros, la gente del estudio, los chicos de la Austral, Majo y la cancha de San Lorenzo, por citar unos cuantos. Y Borja. Otros fueron primeros encuentros, porque me junté con conocidos virtuales con quienes no había platicado en vivo. En lo publicitario, un empujoncito a la experiencia.

Y a mi vuelta, a asimilar la gran noticia apenas comprendida desde un hotel porteño, el segundo puesto final en las clases y la opción de prácticas deluxe que acarrea (y que espero poder posponer y mantener). Nuevas historias de autobús, chorros de tinta por escribir y cientos de fotos por ordenar para tomar conciencia de esta vorágine de sucesos, casi todos increíblemente alineados en una misma dirección.


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