La generación de las Semifinales

23 06 2008

Somos muchos y muy diversos en origen, ideas, carácter o aspiraciones. Prácticamente sólo constituimos partes de un todo para el extranjero observador que viene y busca atar cabos en su intento de deglutir mejor la cantidad de estímulos que encuentra en nuestro alrededor. Lo siento así porque, en consonancia con esto, creo que la única vez en que he sentido mi pertenencia a mi generación ha sido al leer uno de esos mails en cadena donde se habla de peonzas, gameboys, matutanos y los cromos del ochenta y seis. Las sonrisas que generaba y genera dicho mail, que aún pulula por la red, son fruto de un pasado común nada meritorio por nuestra parte pero que rescata el valor de la experiencia de lo compartido bien que, como siempre, nosotros no hayamos decidido nada.

Pero teníamos algo más en común, difícil de cosificar y por ello de dejar constancia entre aquellas fotos de antiguallas. Algo que iba en el carácter, y en este caso lo que nos unía es una carencia. Tan futboleros como somos –intentemos voltearlo a una forma positiva-, lo que compartíamos es el sarcasmo con una selección que parece el coyote rodeada de un puñado de correcaminos y cientos de explosivos ACME siempre listos para inmolarse. Como en los dibujos, este coyote moría, resucitaba y volvía a pasarle lo mismo. La forma negativa de decirlo, la carencia antedicha, es obvia: la nada futbolística.

Los mexicanos son malinchistas, admiradores de lo ajeno, fútbol incluido; los argentinos son orgullosos, llenos de un amor propio que más bien busca alejar fantasmas aferrándose a sus virtudes, fútbol incluido; los españoles –y sí, la fama es mundial- somos todo menos españoles, fútbol incluido. Y es normal. Sea casualidad o no, todo se refleja en el fútbol. Particularmente pienso que nada tiene que ver esto con nuestra realidad política plurinacional, como sugería un espectador dominicano en plena retransmisión del partido a Mario Kempes, ahora comentarista de ESPN para América. Sin embargo, políticas aparte pues cada vez más me valen madres las banderas, creo que el hito de hoy, a la postre muy a la italiana, nos alimenta un poco una identidad común y transversal que alivia aunque sea al ir de bares los casi monotemas de vivienda, mileurismo y otras calamidades contemporáneas.

Ahora, lo único que puede pasar a corto plazo es un cambio de nomenclatura para esta generación, por lo de semis. Pero sea como sea desde hoy tenemos otro motivo para reírnos de la vida y, aunque todo lo otro siga igual, quizás nos podemos permitir tomar las cosas un poco más a la ligera, cambiar la forma de mirarlas relativizando problemas y quién sabe si, incluso, optar sanamente por vivir en alquiler.

Post publicado en http://blogs.elcorreodigital.com/euskaltitlan/posts


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